jueves, 19 de enero de 2012

Adiós Madrid





Se hace pesada la espera en esta última caja
y al tiempo,  se esfuman también las ganas,
de buscar una última razón entre la paja,
que me ancle frente al espejo, contando canas.

El momento que supe desde siempre,
el final que siempre quise cambiar…
El mar no es bello si se detiene,
tampoco lo es mi vida, si no vuelvo a caminar

Me acompaña el niño que aún confía
en su alma sabia que ahora le guía.
El niño que se hizo hombre en la travesía,
de alcanzar la estrella que le cautivó en su día.

Con cojera acentuada y actitud remisa,
repaso una última vez mi vida, tiempo atrás.
Cierro la maleta, me coloco la camisa
y una voz alienta “No desistas,  lo conseguirás”

Me llevo invalorables momentos vividos
y sé mi gigante, que volveremos a vernos.
Adiós Madrid de mis sueños cumplidos,
Adiós Madrid, ciudad de mis infiernos.

jueves, 27 de octubre de 2011

Over the rainbow

 
Es otro día de otoño, que repite, como cada año, un día de improvisado estallido lluvioso. Los árboles se tambalean de un lado a otro, poseídos por el ritmo de los truenos y el estrellar de la lluvia en derredor.

Las viejas lesiones se resienten, el cuerpo se entumece y el corazón se encoge ahondándose hasta los vestigios de llagas o cicatrices de otra época. Cualquier leve pensamiento nostálgico, triste o derrotista, en otros días ignorado, cobra la fuerza suficiente para hacerte pasar la tarde mirando por la ventana, escuchando la música que más drene tu herida, del pus de la aparente inmortalidad incurable.

Resulta que añoras, cosas que a veces ni recuerdas. Añoras cosas que dejaron de ser y que nunca fueron, incluso añoras recordar todo aquello que años atrás, desde alguna otra habitación, desde alguna otra ventana, lamentabas o extrañabas.
La melancolía se abre paso para devorarte y recordarte que hubo un día en el que fuiste más feliz que esa misma tarde.
Pero tal vez es el paso del tiempo, la experiencia o el esfuerzo desde hace varios años de cambiar mi forma de ver la vida, que hace que esta vez descubra en un día como estos, la señal que buscaba para sonreír.
Unos días seguidos escuchando “Somewhere over the rainbow”  naciendo de la garganta del gran hombre Israel Kamakawiwo y de repente, sales de la oficina una tarde, contento porque hacía falta esta lluvia. Algo te dice que no es el mismo día que en otras ocasiones, te hacía bajar al inframundo de la moral embrutecida.

Así emprendo el paso, recorriendo los escasos metros que distan hasta mi casa. Miro al suelo para que el viento no me azote en la cara con algunas gotas transportadas, impacientes de despertar o molestar al despistado.
De soslayo, algo reclama mi atención. A lo lejos en el cielo, hay un claro, se filtra el sol, casi asustado. Y es entonces cuando decido alzar la mirada y contemplar. Observo ese regalo mágico de la naturaleza y comprendo, que las señales que busco aparecen al final solas. Saco la cámara “tengo que inmortalizar esto” . Compruebo el resultado y ensimismado como un niño, como el niño que yace en mi interior, me atrevo a creer de nuevo. Corro porque creo que desde mi ventana veré ese arcoíris, que se perdía por detrás de los edificios, dibujando la puerta, el camino que querré seguir.

Me siento feliz. Las voces de siempre me preguntan irónicas cuánto me durará. Me dicen que mañana será lo mismo, que volveré a dudar o tal vez a no acertar. Me aseguran lo estúpido que es sonreír por algo tan nimio y efímero. Pero sonrío, porque no pienso en mañana, no pienso en ayer, pienso por una vez en ese momento, en ese mágico arco de colores que tiñe de nuevo al mundo de belleza perdida.

Sonrío porque disfruto ese instante, sin más, vivo ese momento, esos escasos segundos, esa emoción, ese resurgir del niño y de la inspiración. Me digo que querría vivir de esa manera todos los momentos y, aunque sepa que mañana se me olvidará, hoy sólo me preocupo de regodearme en la inexplicable alegría que ese puente misterioso en el cielo me produce…Paso mucho tiempo de mi vida regodeándome en lo negativo, ¿Por qué no hacerlo en lo positivo?

Creo que si corro un poco podré verlo desde mi ventana, como una gruta etérea surgida en frente de mi habitación, para que me atreva de nuevo a soñar y vaya a buscar ese lugar, donde, sobre el arcoíris, los sueños que te atreves a soñar….se hacen realidad

martes, 14 de junio de 2011

Amarte fue lo que soy

¿Y por qué no compartir de una vez todo lo que tengo guardado en carpetas de un pc que puede morirse en cualquier momento?

domingo, 17 de abril de 2011

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Para un friki de las señales como yo...llevar dos años pensando en el Camino y sólo recibir estimulos en el día a día sobre ello, en la gente que vas conociendo, suponía una clara señal de que era un paso que debía dar, debía caminar.
La simbología que uno aplica al camino al final es en lo que se convierte...No me imaginaba un camino fácil y mucho menos un paseo para todas las expectativas que tengo en mi cabeza.

Quizá por ello, en lugar de pensar que un esguince de rodilla 4 días antes del camino podía significar una señal de que no lo hiciera, me dio a entender que estaba convirtiendo mi simbología en realidad, y que debía intentar caminar por ese camino igual que he sentido que caminaba hasta ahora: Cojo, despacio, a trompicones, con altibajos en el ritmo y la fe y con un dolor acostumbrado a mi y yo a él.

Me marcho hoy hacia la realidad que yo mismo he creado, a ponerme a prueba, a sabiendas que rendirme no sólo significaría rendirme en estas singulares vacaciones.

Caminaré por lo que deseo dejar atrás, por lo que quiero alcanzar, por quien quiero ser para mi y los demás, por los que han estado, están ahí y por los que no podrán estar.

domingo, 30 de enero de 2011

He tardado en volver

Tal vez no tengo entrada larga que escribir, pero sí algo nuevo que compartir que creé en una tarde tonta.

domingo, 5 de diciembre de 2010

De la tonta coincidencia que te recuerda en qué crees

Esta mañana he despertado. Como siempre, una sensación de desorientación me dominaba. ¿Qué es lo que quiero? ¿Esto ha sido así siempre? ¡Vamos chaval a por todas! ¿He vuelto a soñar lo mismo?

La constancia ha sido un tema a resolver por mi parte desde hace mucho.

Me he dado cuenta con el tiempo que no tratar de recordar ciertos puntos del camino hace que se te olvide que en realidad has caminado. Lo malo es que al enfrentarte a ciertos estados interiores que parecen repetidos, te da la sensación de vivir en un bucle del que no has salido nunca en realidad.

No hay nada más lejos de hecho. Tuve la suerte de encontrarme en mi habitación de Mallorca, en la casa de mis padres, una cosa que escribí hace 6 años. Se me encogió el estómago al ver la fecha y lo que describía en ese amarillento trozo de papel. Era algo prácticamente similar a lo que creía que me estaba ocurriendo.

Sin embargo al dejar pasar el tiempo entendí que no. No fui yo quien escribió aquella nota. Aquél que lo hizo no se veía capaz ni valiente para intentar llegar al lugar en el que ahora mismo estoy. Y, pese a que por ciertos varapalos del destino, me sumergiera de nuevo en una desaconsejable espiral de la que debo salir, no es la misma espiral que hace 6 años. Esta se encuentra en otro nivel diferente, y de ésta tengo que aprender cuando salga, porque lo haré, que debo dejar de mirar hacia atrás, esperando angustiado el momento en el que se repitan las mismas cosas en mi presente.

Recordando todo esto salí de casa, esperando que alguna de las revelacions interiores que tengo se establezca sólidamente en mi día a día, y no que se reseteen y deba volver a empezar.

Comencé a caminar el corto recorrido que me separa del trabajo, escuchando música. La canción que empezó a sonar me recordó a una persona que no conozco pero que llevo viendo cerca de un año. Una sonrisa del que sueña se dibujó en mi cara y fue en ese momento, cuando sin conocer el motivo, si es que lo hay, las variables y ecuaciones del funcionamiento dinámico del universo, dieron el resultado de que en un mismo punto de ese corto camino, cuando en todo un año jamás había ocurrido, esa persona, de otra empresa, de otro mundo, de otra vida tal vez, coincidió en el mismo tiempo, espacio, paso y esquina conmigo.

No recuerdo qué hizo ella, pues yo no fui capaz ni de mirarla, me limité a girar la esquina de la calle y seguir en paralelo a ella, a un escaso metro. Es posible que ni se diera cuenta de mi presencia, como también es posible, que imitara mi propia actitud. Lo único que sé, es que en ese momento, en el que había olvidado el por qué de muchas cosas, algo me recordó en qué creía, y al recordarlo, comprendí que en realidad, había conseguido mucho más de lo que soñé hace 6 años aunque decidiera teñirlo de las cosas que me hicieron sufrir.

Sonreí, crucé la acera, cerré los ojos un momento y volví a creer de nuevo
"Un día leerás este blog señorita y será desde mi portátil"

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Historia de las heridas que tardan en sanarse

Tenía 19 años. Había jugado a fútbol desde niño, había tenido dos accidentes de moto, me había dado golpes de todo tipo, pero nunca me había lesionado seriamente.

Un día jugando a tenis (Deporte de contacto ¿Verdad?) me limité a seguir una bola que iba fuera, trotando hacia atrás. Entonces apoyé mal el pie al ir a aterrizar sobre una deformación de la pista que hacía un sobresalto y me lo torcí, con tan mala suerte que en lugar de ser una torsión hacia un lado u otro fue hacia atrás, los ligamentos de mi empeine no eran tan elásticos para aquello y se me rompieron, además de un hueso interno que no recuerdo el nombre.

Ya no sé si la culpa fue mía por relajarme, de la pista que no era la mejor en ese momento para jugar, de los de mantenimiento que descuidaron la pista o tal vez sencillamente tenía que pasar y punto.

El caso fue que sentí un dolor agudo que me hizo gritar como nunca había gritado, pero ahora que lo pienso, más que el dolor era el horror de haber oído el chasquido del hueso y ser consciente de que me había lesionado por primera vez, de algo más serio a lo que estaba acostumbrado.

En seguida mi mundo se vino abajo, no podía aceptarlo, no podía creer que me hubiera lesionado después de tanto tiempo aguantando cada golpe.Yo me veía indestructible, fuerte, veía mi situación inquebrantable.

Pensaba en el tiempo que tendría que estar parado. Me sentí inútil, impotente, creí que algo se desmoronaba en lo que hasta el momento consideraba la percepción que tenía de mí mismo. Creí volverme débil, mayor, inferior.

Me pasé el camino al hospital con la esperanza absurda ante lo evidente, de que no fuera nada grave. Me tuvieron que escayolar y tuve que estar en reposo...¡En reposo!
Le dijeron a un tío que era un nervio que no podía apoyar el pie y que tenía que reposar.

Tardé bastante en aceptar lo que había pasado. Tardé bastante en aprender a no apoyar el pie, porque cada vez que lo hacía me dolía, pero yo insistía en que quería caminar. Esa imprudencia por mi parte me pasó factura y la recuperación nunca fue completa. A fecha de hoy creo que piso mal y eso me provoca tal vez dolor de espalda en ocasiones. A fecha de hoy no tengo libertad total de movimiento en el tobillo y me cruje en ocasiones cuando lo giro. A fecha de hoy...aunque ya se me haya olvidado lo que me dolió en su momento, no dejo de quedarme helado de miedo cada vez que me resiento, apoyo mal o chuto incorrectamente al balón.
A fecha de hoy cada vez que cambia el tiempo (ajeno a mí) me duele todavía, aunque ya no piense en todo lo que pasé.

De igual manera, hay otras lesiones que no afectan a los huesos y que son más difíciles de tratar, pero que inevitablemente perduran en nosotros por mucho que no queramos, por mucho que nos moleste o por mucho que intentemos ignorarlas.

La gente no te obliga a saltar si tienes el pie escayolado pero sí lo hacen cuando no ven la lesión.
Si pudieras escayolarte el corazón la gente o tú mismo no te forzarías a caminar sin más.

Hay mucha gente que no es capaz tal vez de entenderlo. Supongo que quizá sea porque nunca han tenido un esguince de grado tres con rotura de un hueso del que no recuerdas el nombre